No hay muchas ciudades en el orbe, que tengan una historia tan valiosa y antigua como la Ciudad de México, en el Distrito federal. Se trata de una urbe, cuya área metropolitana, ha sido el ámbito de relevantes asentamientos desde hace más de dos milenios.

Territorio de una gran hermosura natural, el Valle de Anáhuac, llenó de sortilegio y encanto, a todos aquellos que lo descubrieron y comenzaron a habitar. Los monumentales cerros y volcanes característicos de esta región, se perfilaban como poderosos centinelas de un tesoro invaluable; así el Popocatépetl, el Iztaccihuatl, el Xinantécatl y los cerros del Chiquihuite y los Tres Padres.

Habiendo llegado en ardua peregrinación desde la mítica Aztlán, los indígenas que seguían al caudillo Tenoch, llevaban siglos de esforzado recorrido, en busca del sitio señalado por una profecía sagrada. El dios colibrí Huitzilopochtli, les había indicado que, en el lugar en donde hallaran un águila con las alas extendidas, posada sobre un nopal, allí deberían fundar su gran ciudad, desde la cual, con el paso del tiempo, conquistarían todos los rumbos del Anáhuac.

El cumplimiento de este anuncio divino se dio para los aztecas en el año 1325, justo en el sitio en donde hoy se levanta la Ciudad de México, la más grande del mundo. Localizada en el corazón del Distrito Federal, la capital mexicana es el símbolo de la rica tradición indígena y mestiza que define la idiosincrasia de una nación de más de 100 millones de habitantes.

La privilegiada geografía del paraíso silvestre donde se construyó la gran Tenochtitlan, fue fundamental para la perfección urbana que tuvo durante su etapa prehispánica. Los mexicas, entusiasmados por haber constatado el cumplimiento del sagrado augurio, edificaron grandes edificios sobre los grandes lagos de la tierra prometida. Para ello se valieron de vastas terrazas de juncos, tierra y piedras. Tales fueron los humildes fundamentos con los que, luego de algunos siglos, se constituyó como un imperio vasto y formidable.

La superficie que llegó a abarcar la Ciudad de México en sus tiempos prehispánicos, es comparable a la que tuvo la ciudad de Roma en sus momentos de mayor gloria. Simplemente, su centro ceremonial, tenía una superficie de cien mil metros cuadrados. La llegada a México de los españoles comandados por Hernán Cortés y su toma de Tenochtitlán, marcó un parte aguas en la historia de la Ciudad de México y el Distrito Federal, puesto que este evento, coadyuvó a que aumentara el tamaño de la urbe, con los territorios conquistados progresivamente en el resto del Valle de México.